Una historia del Tiempo

Érase una vez, no hace mucho, pues podría estar ocurriendo hoy mismo, en un lugar no muy lejano, pues podría ser aquí mismo, un personaje desconocido, o no tanto, pues podrías ser tú mismo, escribía tranquilamente una historia que decía lo siguiente:

El pobre Tiempo se sentía solo, nadie sabía decirle por qué se estaba tan triste, pero él no lo podía evitar. Sentía como si la gente hubiese dejado de quererle, como si le hubiesen abandonado, ¡como si le odiasen, incluso!

A veces le parecía oír murmullos de voces que le echaban las culpas de cosas que él no conocía, cosas de las que él no tenía la culpa. Unas veces oía decir “Yo lo haría si tuviera más tiempo…” otras escuchaba “No tengo tiempo, que sino te ayudaría…”.

Esas voces sonaban angustiadas, tristes. Estresadas. Y le echaban a él las culpas, pero ¿cómo iba a ser él el responsable de la falta de tiempo de cada uno? Él daba la misma cantidad a todos, así que ¿cómo unos son felices y otros se sienten angustiados teniendo todos lo mismo?. Estas y muchas otras preguntas pasaban por la cabeza del pobre señor Tiempo que cada día estaba más desconsolado.

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