Formas de vivir en el cuerpo de la humanidad

Egoísmo tóxico

Cuando piensas de acuerdo a este paradigma, tu principal motivación es cubrir tus propios intereses prestando poca atención a las consecuencias que tus acciones tienen sobre los demás.

 

Compites con otros por mero interés egoísta, y te sientes fantásticamente bien cuando demuestras tu superioridad haciendo a otros pequeños para ello. Disfrutas aprovechándote de otros. Es posible que tus fuentes de ingresos estén basadas en el robo o en el engaño en vez de en la contribución. Vives como un parásito que sabe que el mundo estaría mejor sin su presencia. Para poder continuar con tu modo de vida, otras personas deben realizar algún tipo de sacrificio. Perjudicas del algún modo al cuerpo de la humanidad o, como mínimo, eres una carga para el mismo.

Desde la perspectiva de la humanidad como un cuerpo, te comportas como una infección, una enfermedad o una célula cancerígena. Cuando tratas de progresar aprovechándote de otras células, las dañas, y de alguna manera el cuerpo completo sufre por ello. Sin embargo, a ti te da igual. Piensas que tú tienes tus propios problemas y que el cuerpo puede cuidarse por sí mismo.

¿Cómo responderá el cuerpo ante este comportamiento? Cuenta con muchas opciones diferentes. Puede tratar de reconducir tu comportamiento, puede tratar de limitar el daño que seas capaz de infligir, e incluso puede atacarte para hacerte inerte o, en casos extremos, aniquilarte.

Si el cuerpo fracasa a la hora de responder a tu comportamiento (y al de otros con tu misma mentalidad), arriesga su propia supervivencia. Cualquier enfermedad que haya pasado desapercibida puede terminar por destruir el cuerpo. Si todo el mundo decidiera actuar como tú, el cuerpo terminaría muriéndose, probablemente ahogándose en sus propios residuos. Para evitarlo, el cuerpo responderá con algún tipo de acción.

El egoísmo tóxico crea una respuesta defensiva del cuerpo de la humanidad. De manera colectiva, la humanidad te considera una enfermedad y te trata como tal. Las relaciones desde el amor son inalcanzables para ti y te tienes que conformar con relaciones basadas en el miedo o en la dependencia. Las únicas personas que se acercarán a ti serán aquellas que se vean obligadas a hacerlo, aquellas que piensen que pueden ganar algo de ti o aquellas que actúen como tú y también se hayan visto desplazadas de otros círculos y sólo puedan relacionarse contigo. Tus relaciones con otras personas se reducen básicamente al nivel de transacciones. Carecen de amor o de un significado más profundo.

La vida con esta actitud puede ser dura en muchos niveles diferente. Primero, otros individuos que actúan en beneficio del cuerpo pueden encontrar tus comportamientos muy cuestionables. Si te juntas con otras células cancerígenas como tú puede que consigas aislarte de ataques personales, aunque en este caso pasas a formar parte de un grupo al que el cuerpo trata como una forma colectiva de enfermedad. Por ejemplo, si eliges ganarte la vida robando valor de otros sin compartir o crear ningún tipo de valor por tu parte, y te asocias básicamente con otras personas como tú, entonces te enfrentas a ataques colectivos contra otros que actúan como tú. Pasas de ser una célula cancerígena a ser parte de una infección más grande. Únete a un grupo criminal, conviértete en un broker que obtiene valor sin crear nada a cambio, o dedícate a enviar spam a gente inocente para ganar dinero y serás responsable por asociación.

El cuerpo de la humanidad mostrará un cierto grado de resistencia a tus acciones, da igual si actúas como una única célula nociva o como parte de una infección, así que puedes esperar encontrar en tu vida retos y obstáculos que puede que te parezcan injustos. Siempre tendrás la sensación de estar nadando contra la marea en vez de deslizarte con el flujo.

El mayor problema que encontrarás es que, mientras sigas con esta mentalidad, jamás disfrutarás de la sensación de conexión con el resto del cuerpo. Siempre te sentirás inseguro de alguna manera. Vivirás tu vida como si fuera una batalla continua contra el resto del cuerpo. A menudo tendrás la sensación de sentirte rechazado y solo, incluso en compañía de amigos y familia.

Cuando te desconectas del cuerpo de la humanidad, también te desconectas de las demás células que sí que están al servicio del cuerpo. Esas células que trabajan en el beneficio del organismo son una amenaza para ti. Cuanto más fuerte es el cuerpo, mayor es la resistencia que opone. Para seguir en este camino, cada vez tendrás que montar más resistencia ante aquellos que trabajan para el cuerpo. Si perseveras en tus intenciones te harás cada vez más fuerte, pero estarás también cada vez más desconectado.

Como una vida dedicada al egoísmo tóxico es una vida de desconexión y resistencia permanente en el cuerpo de la humanidad, a largo plazo terminarás sintiéndote también desconectado de ti mismo. Dejarás de preocuparte por el gran organismo del que formas parte; dejarás de preocuparte por otras células. Aprenderás a ver el sufrimiento en otros sin sentir que te importe o sentir un poco de compasión. Te desconectarás de tu propia humanidad, convirtiéndote en algo frío y separado de los demás.

Pero tu corazón todavía está ahí, esperando a que escuches su voz. Es imposible apagar esa voz completamente. Sólo puedes negarla o ignorarla.

Si todo el mundo adopta esta mentalidad, la raza humana se va a la mierda. Seríamos todos un montón de células viviendo desconectadas, en completa negación de nuestra conexión inherente a cada uno de los demás y al planeta en que vivimos. Antes o después, esta mentalidad termina con la destrucción del cuerpo entero. Para que el cuerpo sobreviva y avance, las células han de saber de algún modo que son parte de un cuerpo y que les conviene trabajar para que ese cuerpo se encuentre saludable.

Neutralidad

En esta mentalidad, tu mantra es “Vive y deja vivir”. En este caso deseas no hacer daño a nadie, pero tampoco haces nada especial para hacer el bien intencionadamente. La mayor parte del tiempo cubres tus necesidades de una manera no destructiva, pero no creativa.

En el cuerpo de la humanidad, ampliando tu perspectiva, puede que consideres que tu actitud es la actitud de la media, quizá algo por encima. Cubres tus necesidades sin dañar a otras células. No vives como una célula infecciosa, pero tampoco vives sirviendo al cuerpo. Simplemente haces lo que es necesario para ti causando el mínimo daño posible. Puede que ayudes a otras células ocasionalmente si surge la oportunidad, aunque más de una manera reactiva que proactiva. No buscas activamente nuevas formas de servir a otros, pero si alguien te pide un favor probablemente se lo hagas.

En este caso es razonable pensar que el cuerpo te tratará con indiferencia. No eres una célula especialmente relevante para él, así que el hecho de que vivas mejor o peor es hasta cierto punto irrelevante para el cuerpo. El cuerpo simplemente te dejará estar. La desventaja es que tampoco actuará para asegurar tu bienestar. Sólo eres parte de un tejido poco importante. Le da igual si permaneces en el cuerpo o si te pierdes en la próxima desescamación.

Si le pides al cuerpo más recursos o más ayuda, probablemente tus peticiones caigan en saco roto. Seguramente verá tus peticiones como triviales o poco importantes, así que responderá con poca o ninguna ayuda. Es la respuesta más natural.

El problema para el organismo es que hay tantas otras células tóxicas en su interior que tu actitud de neutralidad contribuye a facilitar la infección. Si hay una enfermedad en el cuerpo y evitas combatirla, el cuerpo se resentirá por ello. Verás a otras células comportándose de manera negativa y no harás nada por evitarlo. Seguramente pensarás “Da igual, otro se encargará de esto”, y luego te irás a casa y pondrás la tele.

Si todos actuáramos así y el cuerpo careciera de células tóxicas, probablemente terminaría entrando en un estado de decadencia similar al envejecimiento. Sin embargo, si hay células tóxicas, el proceso se acelera. No haces nada mientras otras células negativas adquieren más y más poder. A la larga, tu neutralidad sirve de poca ayuda. Lo más probable es que termines siendo un peón en los planes de una célula tóxica y contribuyas a expandir la enfermedad. Si estás empleado, por ejemplo, ¿sabes para qué tipo de persona trabajas? ¿Es posible que estés trabajando para alguien que piense muy poco en la salud del cuerpo completo? ¿Inviertes tu dinero en gente y empresas que sostienen esta actitud?

Incluso aunque la mayoría de la gente sobre la tierra se puede incluir en esta categoría, la neutralidad es un estado inestable. La vida te traerá constantemente experiencias en las que te verás obligado a elegir actuar en una dirección u otra. Sin embargo, sólo atravesarás la frontera de un lado u otro si lo decides de una manera consciente. No sucederá por accidente.

Si te encuentras en la neutralidad, es muy posible que tu vida esté controlada por otras personas. Este es el lugar en el que se vive reactivamente y no proactivamente. Incluso si te fijas metas, seguramente son metas condicionadas socialmente y carecerás de la motivación que conlleva una meta personal decidida conscientemente.

Unidad

La tercera mentalidad es la de Unidad. Estas células reconocen el cuerpo completo de la humanidad y dedican sus vidas a servirlo. Esto significa cubrir las propias necesidades según surjan, aunque la motivación para hacerlo es la de convertirse uno mismo en un mejor instrumento de ayuda.

La Unidad es el reconocimiento, a nivel lógico y emocional, de que somos todos parte de un mismo organismo y que en realidad estamos unidos. Somos células en el cuerpo de la humanidad. Su destino es nuestro destino. Si el cuerpo sufre, todos sufrimos por ello. Si el cuerpo está alegre, todos nos beneficiamos de ello.

Cuando uno asimila completamente esta mentalidad y se compromete con ella, algo mágico sucede. El cuerpo reconoce tu compromiso con su servicio y te ayuda activamente en cualquier actividad que emprendas. Al ayudarte, el cuerpo sencillamente se está ayudando a sí mismo.

Imagina que alguien se ha comprometido a cubrir tus necesidades lo mejor que pueda. ¿Lucharías contra esta persona o querrías ayudarle? Por supuesto, querrías ayudarle porque, al hacerlo, te estás ayudando a ti mismo. Así es como responde el cuerpo de la humanidad ante aquellos que se comprometen a servirle. Si te dices a ti mismo “Dedico mi vida a servir al bien común”, no te sorprendas si nuevos recursos aparecen en tu vida para asistirte.

Esto es sólo una teoría, así que es razonable sentirse escéptico al respecto. Si nunca has experimentado esta mentalidad de Unidad durante un largo periodo de tiempo, no puedo convencerte de sus ventajas simplemente escribiendo un artículo. Es algo que uno ha de vivir de primera mano para convencerse a sí mismo.

¿Qué desea el cuerpo de la humanidad? Básicamente, lo mismo que tú deseas. Quiere sobrevivir y avanzar en su camino. Estar saludable, aprender y crecer. Ganar fortaleza y expresarla de manera creativa.

Debido al actual estado del cuerpo de la humanidad, ha dejado de ser suficiente dejar de hacer daño. Debes comprometerte de manera activa a hacer el bien. Permitir que se haga daño es tan irresponsable como colaborar en el mismo. Nuestra conexión intrínseca debe ser aceptada. Nos ahogamos o nadamos juntos.

En general, aquellos que están comprometidos con el bien del cuerpo reciben una gran cantidad de ayuda por parte del mismo. Esto les permite enfrentarse a retos cada vez mayores. En vez de preocuparse por su propia supervivencia, este tipo de células ayudan a otras a enfocar sus energía en tareas que repercutan positivamente sobre todo el cuerpo. Otras células acudirán en su rescate cuando las primeras se encuentren en dificultades. Desde el punto de vista del cuerpo, es importante que las células beneficiosas ayuden a cambiar la mentalidad de otras células y a dirigirlas hacia una visión de un mundo unido.

Ayudarnos los unos a los otros no significa salirse del propio camino; es parte del propio camino.

PD: Este artículo es una traducción de “Oneness” de Steve Pavlina.

http://www.javiermalonda.com/2010/05/formas-de-vivir-en-el-cuerpo-de-la-humanidad/



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