Blog Noticiasdesde: Grecia – La Atenas de Weimar

“¿Queremos ver la imagen de un parlamento
en el que algunos diputados juran con el saludo hitleriano?
Si no despertamos con prontitud, sufriremos importantes daños”
-Pavlos Gerúlanos, ministro de Cultura griego (PASOK)-
1 de abril de 2012
Andrés Mourenza

El pasado sábado, durante una comida, charlaba con mi compañero Yannis Chryssoverghissobre el constante deterioro de la situación política y social de Grecia. Yannis hizo una reflexión en cierto modo aterradora, no sólo por las consecuencias que de ella se derivarían sino, sobre todo, porque dada la situación, lo que hace unos años ni siquiera hubiese aparecido en las pesadillas de los más agoreros, adquiere ahora cierto cariz de plausibilidad.

-Hablaba hace unos días con un profesor amigo mío que me decía “Esta situación me recuerda a los años previos al golpe de estado de 1967” y yo le contesté que no, porque en aquella época, las movilizaciones y el malestar público tenían unas demandas políticas concretas, en cambio, ahora, el malestar de las masas y sus protestas no está acompañados de ningún objetivo claro. A mí me resulta más similar a la situación de la República de Weimar.

-Con menos intelectuales y artistas que entonces… –le respondí, pues el periodo de Weimar fue uno de los más fructíferos para la cultura alemana y europea del siglo XX.

-Efectivamente, con menos intelectuales. El problema es que toda República de Weimar concluye con un Hitler.

Es cierto que este tipo de análisis pueden resultar un tanto tremendistas y que la historia nunca se repite de la misma forma, pero el problema más grave es que en Grecia se dan o se están comenzando a dar muchas de las condiciones que, en la Europa de entreguerras, desembocaron en el advenimiento de regímenes fascistas o de ultraderecha.

-Un sistema en descomposición. En Grecia han funcionado, prácticamente desde su fundación como estado moderno, poderosas redes clientelares que han constituido el armazón de gran parte de la economía y han favorecían desde al más rico empresario con contacto en uno o varios de los bandos, hasta al pequeño emprendedor, o incluso los trabajadores, que resultaban favorecidos por su apoyo / afiliación a un partido u otro con prebendas, facilidades administrativas o cargos en la administración. Desde el retorno de la democracia en 1974, la conservadora Nueva Democracia (ND) y el Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK) han gestionado este sistema clientelar en virtud del gran apoyo social que concitaban (en total, agrupaban a entre el 70 y el 80 % de los votantes). Ahora, con suerte, serán capaces de mantener su apoyo, en conjunto, en un 40 % (según señalan las encuestas para los comicios previstos a inicios de mayo). Al descrédito de los grandes partidos se suma el cada vez mayor rechazo a la corrupción de un sistema en su totalidad.

-Una humillación nacional procedente del extranjero. La intervención de la economía griega por parte de la llamada troika (BCE, CE, FMI) ha reducido su soberaníahasta niveles no vistos desde la ocupación alemana durante la II Guerra Mundial lo que suscita un amplio rechazo entre la población de un país ya de por sí nacionalista.

-Depresión económica. La crisis económica en Grecia va camino de convertirse en una Depresión en toda regla. El país está en su quinto año consecutivo de recesión (contracción del PIB), algo que no había visto en la historia moderna ningún país europeo, excepto en tiempos de guerra. La tasa de desempleo supera ya el 20 % (50 % en caso de los jóvenes) y el número de puestos de trabajo destruidos se multiplica tanto en el sector asalariado como en el de los autónomos y pequeños comerciante: el 30 % de las tiendas de Atenas han cerrado en los últimos dos años. La clase media se está proletarizando a causa de las constantes bajadas de salarios, acompañadas por un alza de precios. En los últimos dos años, buena parte de los griegos han perdido cerca de la mitad de su capacidad adquisitiva por esta causa. Los servicios sociales del Estado del Bienestar -que precisamente se comenzó a crear en Europa tras la Gran Depresión de la década de 1930 y se popularizó tras la Segunda Guerra Mundial para evitar los desastres anteriores a la guerra- están siendo recortados o eliminados por exigencia de los acreedores internacionales de Grecia.

-Peligro o percepción del peligro de subversión. En los últimos años se ha producido un movimiento de contestación social al gobierno de grandes proporciones. Los sindicatos mayoritarios han llevado a cabo –entre 2008 y 2012- un total de 22 huelgas generales de 24 horas y 3 de 48 horas; el número de huelgas sectoriales es incontable y sólo en Atenas se produce una media de 3 manifestaciones al día (según datos del Ayuntamiento). Además se han producido ocupaciones y diversos experimentos de autogestión de los trabajadores, desde hospitales a medios de comunicación y distribución de productos agrícolas. La izquierda contraria a las medidas exigidas por la UE y el FMI (es decir, excluyendo al PASOK) podría sumar entre el 40 y el 50 % de los votos en las próximas elecciones. De estos votos, aproximadamente un tercio irían a parar a partidos que exigen públicamente la transformación radical del orden existente.

-Aparición del escuadrismo de la ultraderecha El fenómeno del squadrismo (tal y como fue practicado por los camicie nere italianos, las SA alemanas o los Cruz y Flecha húngaros en el periodo de entreguerras o los diferentes grupos ultraderechistas de Italia, Turquía, Grecia y otros países europeos y latinoamericanos en la década de 1970) ha reaparecido en la Grecia actual y comienza a adquirir tintes preocupantes. Estos grupos violentos ligados a la ultraderecha han comenzado a atacar sin ningún pudor tanto a militantes de izquierda (en los últimos ataques, a finales de marzo, fueron atacados con palos y cuchillos una asamblea barrial abierta y los estudiantes anarquistas e izquierdistas de la Universidad de Atenas) como a los inmigrantes, culpando a las minorías extranjeras de todos los males del país.

Aunque todavía exiguo a nivel nacional, el apoyo a estas formaciones de ultraderecha -cuyo único programa además del odio racial es el viejo lema burgués “Ley y Orden”- está creciendo a pasos agigantados en los últimos años (el partido neonazi Amanecer Dorado cosechó más del 20 % de los votos en algunos barrios de Atenas durante las elecciones municipales de 2010 y las encuestas ya lo sitúan con el 5 % de cara a los comicios anticipados de mayo). Lo más grave de todo es que pocos de estos ataques llegan a los tribunales y que en muchos casos la policía hace la vista gorda (algunas víctimas y diversos medios griegos incluso alegan una connivencia entre la ultraderecha y las fuerzas de seguridad). El hecho es que líderes de partidos como Amanecer Dorado ya fueron condenados por terrorismo durante la estrategia de la tensión de la década de 1970, es decir, no son descerebrados salidos de ninguna parte, sino que en varios casos mantienen lazos con militares y elementos de lo que fue Junta de los Coroneles (1967-1974).

Este hecho va acompañado de un creciente racismo y de la adopción de medidas populistas por parte del gobierno para impedir que la ultraderecha tenga el monopolio sobre el tema de la inmigración: por ejemplo, al decretar la posibilidad de detener y deportar inmigrantes por razones de “salud pública” o al realizar detenciones masivas eligiendo a los sospechosospor su simple color de piel.

Siempre es beneficioso releer la Historia para no repetir los errores del pasado. Con el fin de repasar cómo se gestaron las condiciones del nacimiento del fascismo he utilizado laHistoria del siglo XX de Eric Hobsbawm (Ed. Crítica), escrito en 1995 cuando aún no se vislumbraba la actual crisis económica. Los parecidos son, desde luego, inquietantes.

 

“(…) las bases de la prosperidad de los años veinte no eran firmes. (…) Como tantas veces ocurre en las economías de libre mercado durante las épocas de prosperidad, al estancarse los salarios, los beneficios aumentaron de manera desproporcionada y el sector acomodado de la población fue el más favorecido. Pero al no existir un equilibrio entre la demanda y la productividad del sistema industrial, en rápido incremento en esos días, el resultado fue la sobre producción y la especulación (…) Los bancos, afectados ya por la euforia inmobiliaria especulativaque, con la contribución habitual de los optimistas ilusos y de la legión de negociantes sin escrúpulos, había alcanzado su cenit algunos años antes del gran crac, y abrumados por deudas incobrables, se negaron a conceder nuevos créditos y a refinanciar los existentes (…) En 1933 casi la mitad de los préstamos hipotecarios de los Estados Unidos estaban atrasados en el pago y cada día un millar de sus titulares perdían sus propiedades par esa causa” (ps. 107-108)

“Tampoco parecían hacer nada por mejorar la situación los economistas que afirmaban que había que dejar que la economía siguiera su curso y los gobiernos cuyo primer instinto, además de proteger el patrón oro mediante políticas deflacionarias, les llevaba a aplicar la ortodoxia financiera, equilibrar los presupuestos y reducir gastos. (…) Para aquellos de nosotros que vivimos los años de la Gran Depresión todavía resulta incomprensible que la ortodoxia del mercado libre, tan patentemente desacreditada, haya podido presidir nuevamente un período general de depresión a finales de los años ochenta y comienzos de los noventa, en el que se ha mostrado igualmente incapaz de aportar soluciones. Este extraño fenómeno debe servir para recordarnos un gran hecho histórico que ilustra: la increíble falta de memoria de los teóricos y prácticos de la economía”. (p.110)

“En los momentos peores de la crisis (1932-1933), los índices de paro se situaron en el 22-23 % en Gran Bretaña y Bélgica, el 24 % en Suecia, el 27 % en los Estados Unidos, el 29 % en Austria, el 31 % en Noruega, el 32 % en Dinamarca y en no menos del 44 % en Alemania. Además, la recuperación que se inició a partir de 1933 no permitió reducir la tasa media de desempleo de los años treinta por debajo del 16-17 % en Gran Bretaña y Suecia, y del 20 % en el resto de Escandinavia, en Austria y en los Estados Unidos” (ps. 99-100)

“A mediados de los años treinta eran pocos los estados donde la política no se hubiera modificado sustancialmente con respecto al período anterior a la Gran Depresión. En Japón y en Europa se produjo un fuerte giro hacia la derecha (…). El espectacular retroceso de la izquierda revolucionaria contribuyó al fortalecimiento de la derecha radical, al menos durante los años más duros de la Depresión” (p.111)

“Todas esas fuerzas (de ultraderecha) tendían a favorecer al ejército y a la policía, o a otros cuerpos capaces de ejercer la coerción física, porque representaban la defensa más inmediata contra la subversión. En muchos lugares su apoyo fue fundamental para que la derecha ascendiera al poder. Todas esas fuerzas tendían a ser nacionalistas (…) porque agitar una bandera nacional era una forma de adquirir legitimidad y popularidad” (p.120)

 

“Ese tipo de movimientos no tradicionales de la derecha radical habían surgido en varios países europeos a finales del siglo XIX como reaccióncontra el liberalismo y contra los movimientos socialistas obreros en ascenso y, más en general, contra la corriente de extranjeros que se desplazaban de uno a otro lado del planeta en el mayor movimiento migratorio que la historia había registrado hasta ese momento. (…) Los años finales del siglo XIX anticiparon lo que ocurriría en las postrimerías del siglo XX e iniciaron la xenofobia, de la que el racismo pasó a ser la expresión habitual” (p. 125)

“Las capas medias y medias bajas fueron la espina dorsal de esos movimientos durante todo el período de vigencia del fascismo. (…) en general, la atracción de la derecha radical era mayor cuanto más fuerte era la amenaza, real o temida, que se cernía sobre la posición de un grupo de la clase media, a medida que se desbarataba el marco que se suponía que tenía que mantener en su lugar el orden social” (p. 128-129)

“la reacción derechista no fue una respuesta al bolchevismo como tal, sino a todos los movimientos, sobre todo los de la clase obrera organizada, que amenazaban el orden vigente de la sociedad (…) Lo que helaba la sangre de los conservadores era la amenaza implícita en el reforzamiento del poder de la clase obrera” (p. 131-132)

“el fascismo presentaba algunas importantes ventajas para el capital que no tenían otros regímenes. En primer lugar, eliminó o venció a la revolución social izquierdista y pareció convertirse en el principal bastión contra ella. En segundo lugar, suprimió los sindicatos obreros y otros elementos que limitaban los derechos de la patronal en su relación con la fuerza de trabajo. (…) Mientras que en los Estados Unidos el 5 % de la población con mayor poder de consumo vio disminuir un 20 % su participación en la renta nacional entre 1929 y 1941, en Alemania ese 5 % de los más altos ingresos aumentó en un 15 % su parte en la renta nacional durante el mismo período” (p. 135)

“Lo que les dio (a los partidos fascistas) la oportunidad de triunfar después de la primera guerra mundial fue el hundimiento de los viejos regímenes y, con ellos, de las viejas clases dirigentes y de su maquinaria de poder, influencia y hegemonía” (p. 132)

“Las condiciones óptimas para el triunfo de esta ultraderecha extrema eran un estado caduco cuyos mecanismos de gobierno no funcionaran correctamente; una masa de ciudadanos desencantados y descontentos que no supieran en quién confiar; unos movimientos socialistas fuertes que amenazasen –o así lo pareciera- con la revolución social, pero que no estaban en situación de realizarla; y un resentimiento nacionalista contra los tratados de paz de 1918-1920” (p.133)

“La principal razón de la caída de la República de Weimar fue que la Gran Depresión hizo imposible mantener el pacto tácito entre el estado, los patronos y los trabajadores organizados, que la había mantenido a flote.La industria y el gobierno consideraron que no tenían otra opción que la de imponer recortes económicos y sociales, y el desempleo generalizado hizo el resto. A mediados de 1932 los nacionalsocialistas y los comunistas obtuvieron la mayoría absoluta de los votos alemanes y los partidos comprometidos con la República quedaron reducidos a poco más de un tercio. (…) Allí donde los gobiernos puede redistribuir lo suficiente y donde la mayor parte de los ciudadanos disfrutan de un nivel de vida en ascenso, la temperatura política democrática no suele subir demasiado” (p. 143)

“Sin ningún género de dudas, fue la Gran Depresión la que transformó a Hitler de un fenómeno de la política marginal en el posible, y luego real, dominador de Alemania” (p.136)

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