URUGUAY: El largo adiós a las papas “chips”

MONTEVIDEO, oct (Tierramérica) – Los escolares uruguayos están tomando conciencia de que los alfajores, las golosinas, las papas fritas y las gaseosas son nocivas para su salud.

Algunas escuelas tomaron la iniciativa y no permiten esos alimentos “chatarra” en las meriendas escolares.

Las autoridades anunciaron este año la prohibición de alimentos no saludables en las escuelas, pero no llegaron a materializarla.

Mientras, un proyecto de ley presentado por la oposición para prohibir la promoción y publicidad de esos alimentos dentro de los recintos escolares logró media sanción el 11 de septiembre en la Cámara de Diputados, y se descuenta su aprobación en el Senado.

“Ahora no se puede traer más papas ‘chips’ (sic) y esas cosas a la escuela, y está muy bien porque somos niños y si comemos mucha comida chatarra nos puede atacar una enfermedad ahora o cuando seamos mayores”, dijo Luciano, alumno de la escuela 124 de Rincón de Melilla, una zona de viñedos y huertas en el noroeste de Montevideo.

“A veces me dan ganas de comer esas cosas, y algunos domingos vamos al almacén y compramos papas chips”, admitió Luciano sobre las adictivas papas fritas envasadas.

En esta escuela no hay una cantina tercerizada, se promueve la alimentación saludable y se prohíbe el consumo de comida chatarra. El programa funciona desde el año pasado, explicó a Tierramérica su directora, Teresa Conti.

“Al principio hubo un poco de resistencia de los padres, pero finalmente ellos y los niños se acostumbraron a no mandar ‘snacks’ (bocaditos industriales), alfajores o cosas envasadas. Tuvieron que aceptarlo porque son normas institucionales”, relató.

“Es mucho más fácil para los padres comprar una bolsa de papas fritas o un alfajor, pero este hábito fue cambiando porque además en la escuela los docentes fueron enseñando e imponiendo otro tipo de alimentación”, agregó.

Desde hace unos meses, escolares de cuarto, quinto y sexto año llevan a la escuela comida elaborada en sus casas para venderla y así juntar fondos para los viajes de fin de año.

Luisa, alumna de sexto, contó que preparan torta de fiambre, fainá de queso, pasta frola y budines, además de fruta. “Se vende todo”, aseguró mientras atendía la cantina a la que ya no le quedaba casi nada para vender.

En febrero, el entonces director del Consejo de Educación Inicial y Primaria, Óscar Gómez, ahora subsecretario de Educación y Cultura, anunció que se prohibiría la venta de alimentos no saludables en las escuelas.

“La idea era no transformarnos en agentes de fomento de hábitos negativos”, dijo Gómez a Tierramérica. La iniciativa, que se aplicaría a mitad de este año, “la estaba impulsando a la luz del proyecto de ley” que se venía preparando desde 2011, agregó.

“Pero no se continuó, porque me vine para el ministerio”, justificó el funcionario. Por ahora, las autoridades de la educación pública se limitan a jornadas de sensibilización, capacitación del personal y refuerzo de “las acciones propositivas que realiza cada escuela para promover la buena alimentación”, dijo.

La encargada del Programa de Alimentación Escolar (PAE) del Consejo de Educación Inicial y Primaria, Graciela Moizo, dijo a Tierramérica que el esfuerzo se concentra en “una línea educativa”.

“La educación tiene que adaptarse a una realidad social, que es el bombardeo constante” de “determinados productos”. Sin “una fuerte contrapartida educativa, que permita a los niños saber lo que hace daño, estaríamos muy lejos de llegar a tener una alimentación saludable”, justificó.

Moizo sostuvo que los recorridos por los centros educativos de primaria muestran que no hay casi alimentos nocivos.

En las escuelas públicas “por lo general no hay cantinas”, dijo Moizo, si bien matizó que faltan relevamientos certeros. Las que existen, “las organizan los niños o alguna cooperativa escolar para juntar fondos con un determinado fin, pero generalmente venden comida casera”.

“El problema de las meriendas es la cantina por fuera de la escuela”, acotó.

Por otra parte, a través del PAE, el Estado suministra asistencia alimentaria a 67 por ciento de los alumnos de escuelas públicas en modalidades que van desde un almuerzo, un desayuno o una merienda hasta las cuatro comidas diarias.

De los 248.590 escolares atendidos a diario, unos 24.000 reciben alimentos adquiridos a empresas contratadas. El resto son servidos por la tradicional cocina de los comedores escolares, explicó la nutricionista Caren Zelmonovich.

Según Gómez, la gran mayoría de las escuelas privadas sí tienen cantinas tercerizadas. Allí es “donde se registra mayor índice de consumo de comida chatarra, porque además hay más poder adquisitivo”, aseveró.

Julieta, alumna del Instituto de Educación Santa Elena de Ciudad de la Costa, limítrofe con el este de Montevideo, contó a Tierramérica que en su clase se habla de alimentación saludable.

“Hicimos una nota a algunos niños del colegio, y la mayoría decían que comían cosas envasadas, pero también algunas saludables y por lo general tomaban agua. Mucha de la comida de la cantina es saludable y casera”, aseguró.

Es “bueno” no ingerir “cosas no saludables en la escuela”, reconoció. Pero, dijo tentada, “algún día te pueden dar ganas de comida chatarra, porque es rica… por lo menos una vez a la semana”.

Si Uruguay adopta una ley, las normas e incentivos serán iguales para todos.

El proyecto de ley Alimentación Saludable en los Centros de Enseñanza busca proteger la salud de la población infantil y adolescente que asiste a escuelas y liceos públicos y privados, pero sin prohibir la venta de ningún producto.

Según datos relevados por el impulsor del proyecto, el diputado y médico Javier García, “70 por ciento de las muertes en Uruguay son producidas por enfermedades crónicas no trasmisibles… básicamente cardiovasculares, cerebrovasculares y cáncer”, en las que los hábitos no saludables son un factor poderoso.

La cuarta parte de los niños uruguayos tienen sobrepeso u obesidad.

Según dijo a Tierramérica el legislador del opositor Partido Nacional, el proyecto “prohíbe que en la cantina se promuevan o publiciten ese tipo de alimentos nocivos”, pero no su venta.

“Opté por ese camino educativo porque, si no, la discusión iba a ser más larga”, dijo. En su opinión, la comunidad educativa se va a involucrar “de manera que se vaya achicando el margen de venta de estos productos hasta que no se vendan más”, aseveró.

El texto asigna al Ministerio de Salud Pública la tarea de entregar información para ser difundida en la comunidad educativa, estableciendo un listado de alimentos no saludables, como los cargados en grasas, azúcares simples y sal.

Se espera que la iniciativa sea aprobada por el Senado en la actual legislatura y esté vigente en marzo de 2013, cuando empiece el nuevo ciclo escolar.

* Este artículo fue publicado originalmente el 6 de octubre por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.

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