¿REVOLUCIÓN DE IZQUIERDAS O REVOLUCIÓN?

2008102816pobreza_buena

@abogadodelmar

Acaba de decirme mi hija que nunca había visto tanta gente buscando en los contenedores.

Esto está a punto de explotar, todo el mundo lo ve. Me refiero a la situación límite a que nos está levando el  Nuevo Orden Mundial con sus bancos instrumentalizados, sus medios informativos entregados y sus partidos políticos comprados. Y la lógica y consecuente lectura que hace la mayoría es que la resistencia consiste en una lucha del pueblo y por tanto una revolución de eso que llaman izquierdas. Percibo un ligero resurgir del marxismo y una renovación de las llamadas a la clase obrera que entiendo y con las que simpatizo, pero creo que la cosa no va de eso ni de lejos. Somos como una gigantesca masa de perros de Pavlov que responde a los estímulos de forma predeterminada y sobre todo controlada. Es la reacción que ellos han diseńado. Están encantados, relajados y sonrientes ante ese tipo de respuesta, que es una respuesta clásica por no decir anticuada, además de predecible, inútil, fratricida, estéril y agotadora. Cuando una facción haya hecho su revolución social y haya conseguido prevalecer sobre la otra, seguiremos teniendo los mismos dueños pero estaremos tan muertos de cansancio que ya no tendremos fuerzas para resistirnos a ellos, aparte de que los vencedores estarán viviendo la ensoñación de una victoria inexistente y los perdedores guardando su energía para la revancha.

Yo no creo que la cosa sea hoy el llamamiento a la dictadura del proletariado o la lucha por una sociedad autogestionaria sin leyes ni autoridad. Temo que enfrentar a los sectores avanzados de la sociedad con los más conservadores no sólo no es una buena idea, sino que es lo que ellos quieren que hagamos. Es hacerles el juego, divertirlos, complacerlos, darles la razón, satisfacerlos y garantizar que esto nunca tendrá arreglo.

Veréis, el planteamiento de esta empresa debería ser en mi opinión muy distinto. Esto no es una lucha de los trabajadores contra la burguesía, ni de los obreros contra los empresarios, ni de los ateos contra los católicos, ni de los constructores contra los ecologistas, ni de los pobres contra los ricos, ni de los avanzados contra los retrógrados. Es una lucha de todo el cuerpo social contra siete u ocho familias que lo controlan todo. Los obreros, los burgueses, los creyentes, los empresarios, los ateos, los aficionados a los toros, los abolicionistas, los ecologistas, los promotores de obras, los adictos a la telebasura, los intelectuales, los pecadores, los virtuosos, los sabios, los ignorantes, todos tenemos unos tiranos comunes. Que sean invisibles es algo que sólo incrementa la calidad de su tiranía y su mortífera eficacia. Cierto que empresarios muy, muy miserables se están beneficiando de la situación al exigir larguísimas jornadas de trabajo a cambio de salarios de vergüenza, pero también la pagan en forma de tributos, malos servicios sociales y otras servidumbres.

Bajo mi punto de vista (puedo estar equivocado, por eso escribí mi artículo UTOYA) existe algo de despiste en cuanto al análisis y por tanto en cuanto a los objetivos y métodos para obtenerlos. El objetivo no debería ser destruir el capitalismo (entre otras cosas porque no se conoce alternativa potable) sino humanizarlo y someterlo a condiciones. A mí me da igual que un tío machote que monta una empresa gane dinero con ella al mismo tiempo que considero inmorales los sueldos de 300.000 euros al año sea quien sea el que los gane y haga lo que haga para ganarlos. Uno de los venenos de la ética del capitalismo es la santificación del beneficio sin límite. El cuerpo social debe asumir una convención: La de que al mismo tiempo que obtener el resultado del esfuerzo personal es legítimo, la ganancia sin límite es inmoral.

Todo tiene arreglo aplicando la racionalidad y la moderación. Y nada se soluciona dando bandazos como los que conocemos, del capitalismo brutal a la dictadura del proletariado y vuelta. Este teatro, que por lo demás es un teatro sangriento, es lo que ellos quieren.

Imaginemos que unos cuantos de nosotros caemos en una isla desierta en la que tengamos que recrear una nueva sociedad. Con mucho respeto al autor de El señor de las moscas, no pienso que de ahí naciera una dictadura ni una oligarquía. Es de suponer que los náufragos, aparte de recolectar cocos y cangrejos, nos organizaríamos de forma tan racional como equilibrada instaurando una democracia. No sería ni racional ni equilibrado crear reglas que atribuyeran a uno solo la facultad de asignar o quitar permiso a los otros para recoger sus cocos y sus cangrejos, como tampoco lo sería instaurar otras que limitaran el derecho a esos cocos y cangrejos a tres familias pudientes dentro del clan, forzando al resto a conformarse con hormigas crudas.

Algo así es lo que tenemos que hacer ahora, sin esperar a más, en esta isla grande que se llama Tierra. No sólo en España, ni en Europa, sino en todo este pedrusco redondo que da vueltas. Hay que replantearlo, repensarlo y redefinirlo todo. Y para ello no hay que respetar ni una sola regla, y menos aún las que nos han vendido como intocables. Somos nosotros los que debemos decidir cómo organizamos nuestra convivencia y nuestra economía, no los ogros de arriba, ni la incercia, ni el destino.

Si les interesa, ellos podrán propiciar la llegada de una III República y sonreirán complacidos ante los estallidos de júbilo de unos ciudadanos a los que les habrían cambiado el decorado pero no los amos. Yo carezco de sangre azul y siempre estaré del lado de la República, pero no me agotaré por un simple cambio de fachada. No es la fachada lo que tenemos que cambiar, sino lo que hay detrás. Creo desde luego que la reforma de la Constitución que he escrito contribuye a conseguir ese objetivo. Es un texto muy radical. Mucho. Su objetivo principal es  garantizar que la democracia sea verdad y la solidaridad no sea una superstición. Perdón por decirlo así, pero mi trabajo como abogado consiste en resolver problemas que tienen que ver con la ley. Aquí tenemos un problema que tiene que ver con la ley y yo creo saber cómo se resuelve, o cómo se sientan las bases para resolverlo. Con el modelo de Constitución que he propuesto el esclavismo desaparecería, el problema de las hipotecas se evaporaría, nadie sería expulsado de su casa, se fijarían los fundamentos para dotarnos de energías libres, se cerraría el paso a los trasngénicos, se acabaría la deuda, la población dejaría de sufrir envenenamiento masivo, finalizaría la dictadura de dos partidos, la corrupción económica se tornaría prácticamente imposible y nunca más los poderes económicos conseguirían prevalecer sobre la voluntad popular. Es un borrador para la discusión, pero un borrador serio y trabajado. Si se implantaran esas reformas, la democracia sería auténtica y luego que gane el que gane y que la sociedad vaya a donde tenga que ir.

Entendedlo: Ésta no es una lucha de la izquierda contra la derecha o viceversa. Esto es lo que ellos quieren, lo que a ellos les gusta que creamos y hagamos: Enzarzarnos unos contra otros sin advertir su presencia, su influencia, su poder y su forma de manipular los hilos. Y sin darnos cuenta de que al pelearnos entre nosotros estamos haciendo el payaso y nos transformamos en bufones de un circo sin fin.

José Ortega

Abogado     abogadodelmar@gmail.com

nisir.wordpress.com

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